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Opinión

El dedo en la llaga de Charreyre

En una entrevista publicada en la Revista Qué Pasa a fines del pasado mes, nuestro actual head coach nacional Bernard Charreyre proponía varios desafíos a afrontar, recogiendo la experiencia del reciente proceso de Selección sub 20 que culminó con la obtención de un 5° en el Mundial de Uruguay.

Para ir precisando las proposiciones de este experimentado técnico, quisiéramos puntualizarlas como sigue:

– Levantar el nivel de los torneos nacionales.

– Trabajar dentro de un proyecto y no cada uno haciendo lo suyo.

– Lograr una mayor participación de jugadores de provincia a los procesos de selección.

– Ir a buscar a los barrios, a las escuelas a los potenciales jugadores de rugby en complemento al rugby de colegios existente.

– Salir de un conformismo (siempre se encuentra todo bien) y elevar el nivel de exigencia en el trabajo de entrenamiento.

– No esperar tanto lo que te puedan dar otros, priorizando lo propio. Tener en ese sentido un método chileno. Tener un rugby con marca chilena y no copiar, lo que se traduciría en un rugby inteligente que no reproduce lo que hacen otros.

Termina Bernard Charreyre sus inquietudes expresando que ha propuesto un proyecto deportivo que incluya formación de jugadores, de entrenadores y un desarrollo en todas las áreas; para el actual head coach nacional, el rugby debe definitivamente ser parte de la sociedad chilena, algo a sus ojos fundamental, definiéndose Chile por lo que quiere como juego: rugby social o rugby de alto nivel. En ese sentido considera que hay que ir más allá del rugby escolar, lo que está bien, pero que es insuficiente a la hora de fortalecer el aspecto competitivo. Digamos finalmente que Charreyre propone un proyecto que se quiere global, son sus propias palabras.

Por su configuración geográfica, Chile presenta una dificultad no menor al momento de plantearnos como unidad. Por otro lado, tenemos que la mayor densidad poblacional se encuentra concentrada en la Región Metropolitana. Algo a considerar, pero que en ningún caso constituye un obstáculo insalvable.

Si observamos una realidad que conocemos, la Región de Valparaíso, con una densidad de población considerable, podemos constatar que en estos últimos años se ha producido un crecimiento en el número de clubes y que estos se han constituido fuera de los centros urbanos más poblados, Viña y Valparaíso, señalemos al mismo tiempo la creación de un club en la ciudad de Valparaíso y que se quiere reflejo de la identidad del puerto; estos clubes se suman a los ya existentes desde hace un buen tiempo, especialmente en la ciudad de Viña del Mar. Estas nuevas unidades, por su número de integrantes más bien menor y un presupuesto menguado, ven sus proyecciones limitadas y se encuentran más bien sujetos a un régimen de sobrevivencia, además estos clubes sufren una sequía de partidos; el árbol del rugby fuera de ser cuidado, necesita ser regado con partidos, su condición de existencia.

Al mismo tiempo debemos constatar una debilidad institucional en los clubes y también a nivel de asociación. Habría que hacer en este sentido un esfuerzo de capacitación para nuestros dirigentes y generar un mayor interés por participar, de una u otra manera, en labores de gestión, en ambos escalones, club y asociación. No olvidemos tampoco que el rugby está enmarcado, junto a otros deportes, por una ley, la Ley del Deporte, lo que implica derechos y deberes. Elevar el nivel en este aspecto allanaría el terreno para postulaciones y propuestas de todo tipo, como así mismo un mayor entendimiento al interior de los clubes y entre clubes en el plano asociativo. No todos los clubes presentan un mismo grado de desarrollo en este sentido, el ideal sería que clubes mejor armados pudiesen ayudar a clubes menos estructurados, pero esto último está muy lejos de verse. A partir de este fortalecimiento, se podría pensar en una descentralización no solo a nivel nacional sino también regional, creando en este último caso una sub región dentro de las asociaciones y en la medida que esto lo amerite, lo que implica un mayor número de participantes, benévolos o no, en las tareas de gestión.

En la Región de Valparaíso, cada vez más aparece como necesidad un lugar para partidos oficiales y otras actividades en la zona del interior, llámese un Centro de Alto Rendimiento, cancha de la Asociación, para lo cual es necesario contar con el concurso de los poderes públicos, especialmente debido al alto costo de los terrenos disponibles como consecuencia de una urbanización galopante. Para ello deberíamos conocer con meridiana exactitud la cantidad de practicantes por club y por edad, en definitiva, un registro lo más exacto posible. Deberíamos también en lo posible contar con estadísticas de crecimiento en un período de tiempo determinado, que nos indique con la precisión del caso donde estamos creciendo y a qué velocidad, algo que está lejos de ocurrir, aún más si consideramos las numerosas tentativas para dotar a los jugadores de una licencia bajo la forma de un documento individual con una foto y los datos necesarios.

Podríamos extendernos abordando lo que pasa a nivel de campeonato, en menores, adultos, masculino y femenino, escuelas de rugby, captación en los establecimientos educacionales en esta realidad provinciana que nosotros queremos y conocemos, lo que es el interés por el arbitraje y su nivelación, el condicionamiento físico, cada vez más necesario, en los clubes grandes y chicos, todo esto junto a otros temas. Para ello deberíamos consultar a los especialistas que poseen las competencias del caso, tampoco queremos abrumar aún más a nuestros amables lectores, al menos por el momento.

Pero llegando hasta este punto, nos parece que el diagnóstico de nuestro entrenador nacional invita seriamente, al menos a una reflexión, la cual tendiente a encarar los desafíos por él expuestos.

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