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Opinión

Los beneficios de la profesionalización y los nuevos desafíos

La evolución del mundo moderno, ahora altamente tecnificado y cada vez más chico, determina situaciones que antes no eran del orden de las cosas. Las giras se hacían en barco y no en avión, no había televisión. El amateurismo en el rugby era consustancial, ganar dinero jugando estaba prohibido y eso definitivamente ya no es así.

Por Tata NAVARRO

En ese sentido en la actualidad, cabría decir que no hay diferencia entre el rugby y otros deportes, todos con una esfera amateur y otra profesional, integradas ambas de mejor o peor manera. Al mismo tiempo es verdad que con la autorización del profesionalismo por parte de la IRB, se puso término a una “hipocresía” en el decir de Albert Ferrasse, presidente de la IRB y de la federación francesa por allá en los años 80. Se pagaba bajo cuerda ya en los clubes grandes antes de hacer el profesionalismo oficial.

Puede lamentarse el hecho de que muchos jugadores se ven obligados a abandonar estudios para consagrarse completamente a su carrera de rugbistas. La actual carga de trabajo en el rugby de alto nivel dificulta la posibilidad de llevar de par estudios y rugby. Está claro que hay excepciones y a costa de grandes sacrificios. Obviamente no contar con un diploma abandonando el juego, sea por edad, lesiones u otra razón, es obstáculo a la reinserción en la vida laboral y este es un tema que habría que encarar. No todos pueden continuar en el rugby, laboralmente hablando.

Otro aspecto no menor es la división en dos mundos: países con un rugby altamente profesionalizado, países con un profesionalismo casi nulo, grados intermedios entre ambos.

Argentina que se iza al más alto nivel con un 95% de jugadores aficionados, su adaptación a los nuevos tiempos merece capítulo aparte, todo un dispositivo con Jaguares, Championship, proceso de selección bien específico y muchos jugadores en el extranjero, especialmente en Europa, los que no son considerados a la hora de configurar la selección, inhabilitados por tener contratos en el extranjero, tal como pasa con Nueva Zelanda y Australia. Para resumir, si bien no es obligatorio representar a los Jaguares para jugar en los Pumas, sí hay que pertenecer a un equipo que esté en el Super Rugby.

En el caso de los neozelandeses: Para ser un All Black es necesario tener contrato con alguna de las cinco franquicias del Super Rugby. Se da el caso de jugadores destacados que eligen la fórmula 3+1: tres años con la franquicia y un año sabático en el que pueden descansar o firmar con clubes extranjeros y así obtener una remuneración más importante.

Hasta donde sabemos, los australianos pueden jugar en el extranjero y ser seleccionables si anteriormente han tenido siete años de contrato con la ARU y han acumulado un mínimo de 60 caps, algo que no muchos pueden cumplir.

Sudáfrica intentó un corral para que fuesen seleccionables aquellos que se desempeñaban en el Super Rugby. Un éxodo masivo de jugadores especialmente a Europa obligó a la SARU a levantar la medida.

Lo positivo, los desafíos

La visibilidad del juego ha ido creciendo, lo que facilita grandemente la difusión del juego y su interés masivo vía la televisión y otros medios. Al momento de explicar a un neófito en que consiste el rugby, basta con echar mano a un teléfono, un televisor o un computador. El rugby femenino se ha reforzado y la modalidad Seven a Side va adquiriendo un relieve antes insospechado. No entraremos en el terreno de los nuevos métodos de entrenamiento que utilizan la tecnología, sería materia de otro artículo.

Que, en el alto nivel, la índole del juego ha cambiado, favoreciendo mucho el aspecto defensivo en desmedro de la toma de riesgo es relativamente cierto, que las modificaciones reglamentarias (para todos, alto nivel o desarrollo) han ido reduciendo los tiempos muertos por razones televisivas, es efectivo; el tema del scrum con a veces reseteo a repetición también está en el tapete reglamentario y no solo por razones de seguridad de los jugadores, lo que debe ser prioridad absoluta sobre todo en la actualidad.

Pero la profesionalización y que más bien es consecuencia de toda una dinámica, ha traído beneficios y de todo orden es indudable.

Resumiendo, algunos aspectos de la profesionalización, en parte ya evocados más arriba:

La carga laboral de los jugadores profesionales, su organización sindical, su reinserción al finalizar la carrera, el dopaje y las lesiones por un exceso de carga de trabajo, el exilio de jugadores de países con menos ventajas económicas hacia otros países de estándares superiores (Fiji, Samoa, etc.).

También quisiéramos nuevamente insistir en que:

Es válido también presentir que la unidad del planeta ovalado se debilita; sería nefasta una confrontación entre ricos y pobres, entre países que cuentan con tops altamente profesionalizados, con otros que cuentan con competencias completamente amateurs. No olvidemos que existen los cismas, como el que dio origen al Rugby League (Rugby a XIII) y por razones puramente económicas.

Para terminar, algo que recogimos del discurso del actual vicepresidente de World Rugby Agustín Pichot, dicho en la última asamblea, luego de visionar imágenes del último mundial:

Lo mejor de lo mejor, ¿cómo es posible? Está en cada voluntario que va a un club de rugby, cada sábado por la mañana, o domingo por la mañana, enseñando los valores de nuestro deporte. Es acerca de los clubes que estoy hablando, de nuestra amistad, nuestros valores. El dinero, los agentes, los derechos de televisión no podrían. Esto nosotros lo hicimos en nuestros países. Lo hacemos con cada chica y chico. No nos equivoquemos. Para eso estamos”.

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